miércoles, 5 de octubre de 2016

Los mercados deben ir "desenganchándose" de la dependencia de los bancos centrales


En la tarde de ayer justo al cierre de mercados, se publicó en Bloomberg una noticia que desconcertó a los inversores. Y es que la publicación decía que los máximos responsables del BCE están debatiendo la posibilidad de reducir el programa de recompra de activos (QE) antes de que termine hasta en 10.000 millones de euros mensuales. Recuerden que está aprobada la compra de 80.000 millones de euros mensuales de deuda hasta final de marzo de 2017. Justo en la publicación de la noticia en Bloomberg, los futuros del DAX corrigieron 100 puntos, el Euro rebotó casi un 1% frente al dólar y la rentabilidad del bono alemán repuntó 5 puntos básicos desde el -0.09% al -0.04%.
 
Sin duda, es una noticia para la que el mercado no estaba preparado y así lo demuestra la reacción negativa de los mismos. Por mucho que más tarde algún miembro del BCE se apresuró a desmentir, hoy vemos que el mercado empieza a tener claro que esta maniobra es bastante probable. Se produzca o no, debemos tener claro que noticias o rumores como los de ayer, nos adelantan que el BCE ya no tiene pensado tomar más medidas expansivas en su política monetaria. Es decir, ni habrá más bajadas de tipos ni tampoco habrá prolongación del QE actual.
 
Se recorte o no el programa de recompra de activos, las compras totales de bonos por parte del BCE seguirán siendo tremendamente altas hasta marzo del 2017. El mercado europeo de bonos no es tan grande como el de EE.UU. y comprar 70 u 80 mil millones de euros significa que la mayor parte de la cuota del mercado irá al balance del BCE, por lo que seguirá presionando al alza a los precios de los bonos (bajada de Tir), o al menos servirá para que de momento no se produzca una bajada de la misma. El día 8 de octubre Draghi podría dar explicaciones en una conferencia en Washington tras el encuentro del FMI.
 
Según las últimas comparecencias de Draghi, en las que no descartaba que se prorrogase el plazo del actual QE, y que seguirá haciendo todo lo posible por que aumente la inflación, no parece que tenga mucho sentido la noticia de ayer. Quizás lo que se esté planteando el BCE es emular a la FED e ir reduciendo el QE paulatinamente a partir de marzo del 2017. Es decir, iría comprando 10.000 millones de euros menos cada mes para que así el impacto de dejar de comprar bonos no sea tan drástico.
 
A la noticia de ayer del BCE unimos que el Banco de Japón dijo hace unas semanas que actuaría en la curva para evitar que los tipos a largo cotizaran en negativo y, por supuesto, tenemos en cuenta que la FED hace ya tiempo que acabó con los QE y ya nos tiene el cuerpo preparado para la segunda subida de tipos. Con estas premisas debemos tener claro, por tanto, que la época de intervención clara de los mercados por parte de los bancos centrales que hemos vivido durante los últimos años, está llegando a su fin. En las últimas declaraciones de los mismos, están lanzando mensajes a los gobiernos de que ellos ya han realizado su trabajo y ahora les toca a ellos tomar el relevo con mayores políticas de gasto público que permitan mejorar las expectativas futuras de crecimiento de las economías.
 
Ayer mismo, el FMI en su informe trimestral, advirtió ayer del auge del populismo en los países desarrollados provocado por tantos años de crisis económica o crecimiento muy por debajo de la media. Incluso el Fondo ha dado un giro y no sólo advierte sobre la peligrosa ola de proteccionismo (Brexit y Trump sobre todo), sino que llama ahora también a combatir la desigualdad y, en países como Estados Unidos, a subir el salario mínimo. Porque los bajos sueldos también frenan el crecimiento de una economía tan basada en el consumo. Las previsiones de crecimiento económico para este 2016 del FMI no se han revisado a la baja (se mantienen en el 3,1%), lo que debería ser positivo para las bolsas.
 
Pero volviendo a la reacción posible de los mercados, queremos advertir del peligro que tienen en la actualidad los bonos de largo plazo. En los últimos meses hemos visto cómo los inversores de perfil más conservador, buscando mayor rentabilidad potencial han ido alargando la duración de los bonos. En el siguiente gráfico podemos ver que el año pasado la rentabilidad de los bonos a 30 años del bono alemán repuntó del 0.5% al 1.5%, descontando que el QE generaría inflación. El repunte de la rentabilidad se produjo justo cuando comenzó el QE europeo en marzo del 2015. Adjunto el gráfico.
 

Pues bien, este repunte de rentabilidad de sólo un 1%, si lo miramos en el precio del bono, representó una caída vertical de nada menos que un 27% en menos de dos meses, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.
 
  
Hoy la rentabilidad del bono alemán a 10 años vuelve a estar en zona de mínimos históricos (0.53%) y los precios en zona de máximos históricos. No parece que la TIR tenga que repuntar otra vez un 1% rápidamente, pero sólo un repunte hasta la parte superior del canal alcista podría llevarlo al 1% (en línea con la inflación actual), y esto significaría pérdidas en el precio superiores al 10%. Por tanto, mucho ojo con buscar mayores rentabilidades alargando la duración de los bonos, puesto que los bonos a duración alta tienen una volatilidad similar a los mercados de renta variable. Para soportar esta volatilidad es preferible estar directamente en renta variable. Es por eso por lo que pensamos que, en cuanto los mercados entiendan que está llegándose al techo de la renta fija, será un buen momento para la renta variable. Por supuesto, si los gobiernos tomaran el testigo que les están cediendo los Bancos Centrales, sería mucho mejor.
 
 
 

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